Diferencias entre la Inteligencia Artificial y la Inteligencia Biológica

 

La Inteligencia Biológica aventaja a la Inteligencia Artificial…de momento…

 

Muchas personas tienen miedo a la tecnología. Este recelo puede ser equiparable a la xenofobia.  No es otra cosa que temor a lo desconocido.

Sin embargo, ¿quién a estas alturas renunciaría a su Smartphone, a consultar todo en Google, o a su cuenta de Facebook?

Dependemos en gran medida de las máquinas para mantener nuestro estado de bienestar.  Y esta cohabitación es mucho mayor de lo que imaginamos.  Actualmente existen sistemas de aprovisionamiento que desconocemos y que actúan en segundo plano que nos ayudan a alcanzar una eficiencia en muchos procesos que afectarían gravemente a la economía en caso de desaparecer.

En los próximos años viviremos en Smart Cities (Ciudades Inteligentes) que nos ayudarán a ahorrar y a la vez mantener el delicado equilibrio con la ecología de nuestro entorno ya superpoblado.  Viajaremos en vehículos en los que no será necesario conducir.

Y entonces entra en juego el factor miedo de nuevo. ¿Dependeremos tanto de las máquinas hasta que llegue el momento en que los que sobramos seamos nosotros?

Es en este punto en el que podemos hablar de dos cosas:

  • ¿Cómo aprende una persona VS una máquina?
  • ¿Pueden adquirir consciencia las máquinas?

Vamos a desarrollar el primer punto.  Es de dominio popular que un ordenador es capaz de realizar cálculos más rápidamente que un ser humano.  Uno de los hitos en la “lucha” del ser humano frente a un ordenador fue en el momento en el que el ordenador Deep Blue de IBM ganó a Gary Kasparov al ajedrez en 1997.

Deep Blue era capaz de analizar 200 millones de posiciones de tablero por segundo. En cambio Kasparov, que siendo maestro de ajedrez dominaba 100.000 posiciones de tablero, al ser preguntado, confirmó que solo podía analizar aproximadamente uno por segundo.

Uno se puede preguntar entonces, ¿Cómo es que Kasparov pudo tan si quiera aguantar contra Deep Blue durante tanto tiempo?

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La diferencia está en cómo aprende un ser humano con su cerebro biológico (mediante patrones) VS como aprende una máquina (por lógica).

El ser humano tiene una capacidad enorme de reconocer patrones y actuar en consecuencia. En cambio, su cerebro biológico no es especialmente bueno en tareas de lógica.  Por eso es tan difícil aprender un idioma memorizando verbos, adjetivos y listas de vocabulario.

Por cierto, la potencia de Deep Blue que en 1997 era abrumadora, ahora lo puede simular un PC casi de andar por casa.

Vamos a analizar cada una de las maneras de aprender.

Si a una persona con una educación media le piden que recite el alfabeto, no tendrá mayor dificultar en hacerlo.  Un ordenador también lo podrá realizar.

Sin embargo ¿y si te piden que recites el alfabeto al revés? Comienzas con la Z, luego ya Y, luego la X… ¿luego qué viene?  ¿No es tan sencillo verdad?  Y uno se pregunta, ¿por qué es tan difícil? Si desde niños hemos aprendido a recitar el alfabeto y lo hemos hecho en innumerables ocasiones.

 

Algo tan aparentemente sencillo como recitar un listado al revés es una tarea trivial para una máquina, para la Inteligencia Artificial, y es una tarea harto compleja para un cerebro biológico.

En cambio, casi cualquier persona, sin ser especialmente brillante,  será capaz de reconocer en las siguientes imágenes a Abraham Lincoln, Elvis y la Bandera de los Estados Unidos.  Una  máquina actualmente no es capaz de reconocer estos patrones.

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Por tanto, aún le queda un gran camino a la Inteligencia Artificial antes de que pueda desbancar a un neocortex.  Estamos a salvo… de momento…

Me gustaría acabar con un ejemplo de lo poco “lógicos” que somos.

Si a una persona le preguntamos “En caso de una catástrofe, ¿Qué prefieres? Que muera una persona o que mueran cinco”

Ante esta pregunta, lo “lógico” sería escoger un muerto en vez de cinco.

Sin embargo, imaginemos ahora que estamos una mañana esperando al metro.  En las vías detrás de nosotros, y aparentemente cerrado al tráfico de trenes cinco obreros trabajan intentando reparar una avería.   De repente, observamos que se aproxima a la estación por la vía trasera un tren y que puede arrollar y matar a los cinco trabajadores.  Sabemos que si empujamos a una persona inocente a la via, entonces el tren se detendría y salvaríamos a cinco personas (todos ellos también inocentes).  Lo “lógico” por tanto sería tirar a la persona más cercana (o a nosotros mismos) debajo del tren justo cuando entre en la estación y de esa manera salvar a 5 personas. ¿Cuántas personas serían capaces de hacerlo?

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Y ahora pregunto ¿Qué decisión tomaría una máquina?

Es exactamente esta situación a la que se han enfrentado los coches autómatas de Google en California ante accidentes.  Un vehículo inteligente siempre escogerá el “mal menor”.

Nos queda aún mucho terreno que recorrer, tanto tecnológico como ético e incluso filosófico.   Mucho terreno y poco tiempo.

El asunto de la conciencia es mucho más complejo y por tanto lo dejaremos para otro artículo.  Las preguntas a dejar en el aire es:  ¿En qué punto SABE un ser vivo que realmente existe y está vivo? ¿Una máquina puede llegar alguna vez a ser considerado un ser vivo?

Roberto Menéndez

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https://es.linkedin.com/in/menendezroberto

CEO Digital – Artificial Expo – Grupo ADD

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